jueves, mayo 21, 2009

Estacionamiento

La nada circundante que me cubre, me molesta. Y más aún: el hecho de no hacer nada por la nada que me rodea... es insoportable. Todo se ha vuelto pesado, como el aire caliente que golpea el pecho cuando abres la puerta de un carro que estuvo mucho tiempo parado en el sol. Me ahogo, pero aún así subo al carro y cierro la puerta. Vidrios cerrados. Seguros abajo. Yo cada vez respiro menos. Sudo, observo mi rededor.
Y trato de tomar el volante y conducir lejos... Lejos... Y resulta que lastima mis manos, y me produce quemaduras de tercer o segundo grado, no lo sé. Yo cada vez respiro menos, no pienso, solo sé que me arden las manos. Los demás observan curiosos a través de las ventanillas, me tratan de ayudar, hacen señas para que suba el seguro de la puerta, para salvarme de la asfixia inminente... Pero yo no hago sino mirarlos, vacía, a los ojos, pensar en la nada que me ahoga como aire caliente, y molestarme conmigo misma por no subir el seguro de la puerta y respirar al fin.

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